En la India y Egipto ya se realizaban importantes operaciones de la nariz con carácter reparador 2.500 años a.c. debido a la malsana costumbre de amputar este órgano a enemigos y malhechores, sin embargo, no es hasta finales del siglo pasado cuando comienza a practicarse la rinoplastia con sentido eminentemente estético.
En un principio se realizaban a través de incisiones en la piel del dorso de la nariz. Por esta vía retiraban los excesos de hueso y cartílagos nasales, dejando, al final, una cicatriz longitudinal. Es evidente que el grado del defecto y sus repercusiones tenían que ser lo suficientemente importantes como para compensar tamaña marca.
La evolución de la rinoplastia tiene un paralelismo notable con las vías de abordaje
El Dr. Roe en 1887 es el primero que documenta un abordaje intranasal
El Dr. Joseph, en 1931 , la hace popular: es una intervención capaz de modificar las estructuras defectuosas de la nariz a través de una incisión localizada en la mucosa nasal con el resultado final de una cicatriz interna y por lo tanto inaparente.
El Dr. Rethy publica 1948 el abordaje columelar, dando un vuelco en la comprensión de la punta nasal, dicen los grandes maestros que si todas las rinoplastias que requieren modificación de la punta se operasen por vía columelar, no lamentaríamos tener rinoplastias secundarias, la incisión de la columela no deja prácticamente cicatriz visible.
Calson, Bonnano 1959 y Convers 1974 describen el “midfacial degloving” o descalzamiento medio facial en el cual realizan un abordaje bucal elevando el colgajodermo-cartilaginoso y dejando los huesos propios subyacentes, tiene la limitación de no poder actuar sobre los cartílagos de la punta
El Dr. Verbauvede, en 1998 desarrolla una técnica por vía bucal pero dejando todas las estructuras nasales intactas en el lecho quirúrgico pudiendo ver todas las estructuras en un todo, utilizada para grandes reconstrucciones nasales.
Hoy por hoy la elección de los abordaje se hace de acuerdo a la preferencia del cirujano, y según el caso.